En su libro “1984”, Orwell imaginó un edificio gris lleno de empleados publicos con tijeras que editaban la historia hasta que encajara con la versión oficial.
Lo llamó Ministerio de la Verdad.
Los enemigos de ayer se vuelven aliados y los héroes del presente se convierten en personas no gratas. El sueño húmedo de todo totalitario.

Los nuevos cirujanos del pasado saben que una coma puede absolverte y que eliminar un adjetivo te limpia más rápido que un community manager en crisis.
La historia queda prolija, beige-core, minimalista, con aroma a latte y sin rastros de culpa.
Un futuro brillante, sin pasado incómodo. “Enciclopedia libre”, la llaman.
Pero la libertad tiene letra chica cuando se vuelve una clínica estética del pasado.
NIVEL 3 – Bajo el nivel del mar
El oxígeno acá se vuelve escaso, la presión aprieta, la extorsión nos estrangula poco a poco. Ya no se trata de debates como hablamos en el post anterior. Acá es donde la memoria colectiva pide rescate.
Primero entendamos la herramienta: el sockpuppetry. Traducido literal como títere de media.

Un sock puppet account, te deja jugar a la democracia en modo unipersonal: te hablás, te respondés, te citás y hasta podés cancelarte como más te guste .
Anestesia ideológica de consenso.
Wikipedia lo prohíbe formalmente, pero como todo pecado, se sigue practicando en privado.
Ahí entra la joya negra del ecosistema: Operation Orangemoody.
Los goodfellas digitales
Este no es un caso menor: es el gran escándalo de edición paga no revelada que dejó claro que Wikipedia también puede tener sus mafiosos.
En 2015, la comunidad angloparlante bloqueó 381 cuentas sospechosas de operar como sockpuppets dentro de un mismo sistema coordinado.
Se eliminaron mas de 200 artículos intervenidos por esas cuentas.
El método era perverso y elegante. Wikipedia modelo freemium.
Borraban artículos de empresas o figuras por “contenido promocional”.
Después, las mismas cuentas contactaban a los afectados: “Transferinos a este alias que te ayudamos a mantener tu wikipedia pa.”
No está claro si todos los pagos se llevaron a cabo o si algunos eran amenazas sin seguimiento legal, porque gran parte del caso fue gestionado dentro de la comunidad Wikipedia y no ante tribunales públicos.
En el análisis interno de Wikipedia, algunos apuntan que nunca se descubrió con certeza quién era el “sockmaster” detrás de todo, ni si volvió a operar bajo otro nombre.
En los foros internos se habló de vulnerabilidades, de filtros ineficientes, de editores que copiaban borradores rechazados y los subían antes de que alguien los notara.
La política de “edición paga revelada” suena bien, pero en la práctica es como ponerle candado a una puerta que ya no existe. Al final del día, la neutralidad también cotiza, y algunos saben perfectamente cuánto vale un párrafo limpio.
El cartel de las narrativas
Las mafias clásicas controlan barrios, cobran peajes y silencio.
Esta controlaba algo más rentable: la versión oficial de la realidad.
La violencia fue conceptual, pero igual de efectiva. Manipular la memoria colectiva es básicamente decidir quién existe. Un asesinato sin sangre del yo virtual.
El daño no es anecdótico. Se trata del esqueleto del conocimiento público mas grande del mundo.
Aunque muchas de esas páginas se borraron, ya estaban indexadas, compartidas, citadas, clonadas. El veneno informativo ya circulaba en el torrente del algoritmo.
Para quienes trabajamos con IA y LLMs, esto no es una curiosidad: es toxicología de datos. Si tu modelo come de ahí, no estás entrenando inteligencia: estás domesticando el sesgo.
Orangemoody nos enseñó que la distopía orwelliana no vino como dictadura militar, sino como una UX amigable, neutral y de servicio “comunitario”.
Ministerio de la verdad argento
Argentina tuvo su spin-off local y podría rodarse toda en un plano secuencia con Francella haciendo todos los personajes.

Germán González (@germangfeler) destapó en 2019 una red de editores pagos vinculados al macrismo. Podes leer el hilo entero acá, de donde tomé la información y de paso seguirlo.
El usuario llamado Tishoteles borraba denuncias incómodas contra funcionarios, como la causa por abuso sexual del exministro Alejandro Finocchiaro.
Las marcas verdes y rojas del historial de Wikipedia parecían un electrocardiograma del relato: lo que molestaba, se apagaba.
El propio usuario admitía trabajar para una agencia que ofrecía “servicios de edición profesional”. O sea: cirugía reputacional con facturación en blanco.
Otro editor se dedicaba a “embellecer” la biografía de Mario Barletta, eliminando críticas a Macri y menciones a nepotismo. Nada grave, apenas un poco de Photoshop semántico.
Un tercero, más cínico, defendía al ministro Hernán Lacunza editando párrafos sobre deuda y desempleo. Cuando otro editor lo cuestionó, respondió con una frase que merece bronce:
“Estamos en el siglo XXI. Que esté referenciado no significa que sea cierto.”
Pum! Un disparo de postverdad en el medio de la frente.
Control de versiones de la historia
Seguimos el hilo rojo de la edición y nos fuimos del Ministerio de la Verdad al GitHub de la realidad.
Las palabras se volvieron armas de precisión semántica.
Los gobiernos editan artículos, los ejércitos ideológicos patrullan comas, y la memoria colectiva pasó de archivo a proyecto de optimización SEO.
Wikipedia, ese espejo del conocimiento global, terminó reflejando algo más íntimo: quién tiene permiso para definir qué es real.
Pero el verdadero punto de quiebre llegó cuando ese espejo se conectó al tubo de alimentación de las máquinas.
Lo que hoy se manipula en una nota al pie, mañana será dataset.
Cada corrección, cada adjetivo lavado con jabón neutro, entra al sistema y se vuelve estadística, probabilidad, “verdad” por repetición.
La mentira se industrializó. La IA la absorbe, la remezcla, la sirve a temperatura ambiente.
Henry Ford estaría orgulloso: la producción en serie de la narrativa.
Así, las guerras de edición de Wikipedia se convirtieron en el ADN narrativo de los modelos que explicarán qué fue el Holocausto, qué es una invasión, quién tiene razón en una guerra, como vamos a hablar en la 3ra y última parte de cloacas digitales.
El proximo posteo, será el fondo del iceberg. Donde el sesgo editorial se volvió sesgo algorítmico y la propaganda se disfrazó de probabilidad.
PD: Recomiendo este articulo de Larry Sanger que me vino muy bien para armar este posteo.
